Por: Carlos Martinez *
La narrativa occidental dominante presenta la actual masacre en Gaza como un conflicto complejo, una guerra desatada a raíz de un ataque el 7 de octubre. Este ataque según el discurso occidental y pro sionista hace ver que los heroicos resistentes palestinos son malos y malvados terroristas y no valientes que luchan contra una colonia injusta e inhumana. Esta lectura es miope y profundamente engañosa. Para entender la impunidad absoluta de Israel, debemos ir más allá de la figura de Netanyahu. El problema no es un primer ministro u otro; el problema es el ente sionista, un proyecto colonial y teocrático que, desde al menos 1948 (la Nakba o «catástrofe» para el pueblo palestino), ha tenido como objetivo final la colonización total de toda la Palestina histórica. Lo que presenciamos hoy no es una «guerra» en el sentido convencional, sino la fase final y más descarnada de este proyecto: la aniquilación y expulsión sistemática del pueblo palestino, aprovechando un momento geopolítico que se percibe como propicio.
Esta «solución final» es posible únicamente por un contexto internacional específico, uno marcado por una grieta tectónica que divide el mundo: la guerra entre el Norte global judeo-cristiano, liderado por Estados Unidos, y el Sur global en ascenso, representado y potenciado por bloques como los BRICS. La impunidad de Israel es el termómetro de esta guerra mundial no declarada.
1. El Fortalecimiento de los BRICS: El Sur Global se Organiza
La guerra en Ucrania, un conflicto entre la OTAN/UE y Rusia, actuó como un catalizador acelerador de tendencias preexistentes. Los BRICS (originalmente Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que ya existían como una idea económica, se vieron fortalecidos en su propósito y comenzaron a evolucionar rápidamente hacia una alianza política y defensiva con una base económica común. Este bloque, ampliado con nuevas potencias como Irán, Egipto, Etiopía y los Emiratos Árabes Unidos, ya no es un mero foro de diálogo.
Es una arquitectura alternativa al orden liberal occidental. Su fortaleza reside en proyectos de desarrollo e infraestructura como la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, que ofrece a los países del Sur una vía de progreso fuera de las condicionalidades asfixiantes del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Este desafío directo a la hegemonía occidental no es meramente económico; es ideológico. Espoleados por un imperialismo occidental que ve su primacía amenazada, los BRICS avanzan, y esta confrontación, se quiera o no, está provocando una realineación global que inexorablemente conduce al conflicto. No es una guerra de trincheras convencionales en todos los frentes, sino una lucha por la influencia, los recursos y el futuro del orden internacional.
2. La Respuesta de EEUU: La Guerra por la Hegemonía y los Recursos
Frente a este ascenso, la respuesta de Estados Unidos y sus aliados europeos no ha sido de cooperación, sino de contención violenta. El objetivo de Washington es claro: mantener su status como hegemon mundial unilateral y garantizar que las riquezas naturales del planeta (energéticas, minerales, acuíferas) sigan explotándose en beneficio exclusivo del capital anglosajón y el de sus socios. Este proyecto hegemónico requiere un control férreo sobre las regiones clave del mundo, especialmente Eurasia y Oriente Medio.
Para lograrlo, Estados Unidos necesita dividir y debilitar a sus rivales. Esto implica mantener una Unión Europea subyugada y en guerra perpetua con Rusia, agotando a ambas potencias continentales. Pero, crucialmente, también requiere un Oriente Medio fracturado y sangrante. Aquí es donde el papel del ente sionista se vuelve indispensable para los designios de Washington.
3. Israel: El Gendarme Violento y Racista del Imperialismo
Israel no es un aliado más para Estados Unidos; es su garra militar forward en la región más estratégica del mundo. La función asignada a este «ente sionista» es triple:
- Mantener un frente de guerra permanente: Estados Unidos necesita un Israel en guerra constante con el mundo árabe y con Irán. La aniquilación de Palestina, la vanguardia de la resistencia árabe, es un paso esencial para desmoralizar y decapitar cualquier proyecto de unidad antiimperialista en la región. Un pueblo roto, sin tierra y sin esperanza sirve como advertencia para otros.
- Asegurar la sumisión de los regímenes árabes: La constante amenaza de violencia israelí, respaldada por EEUU, mantiene a las monarquías del Golfo y a regímenes como el de Egipto en una línea pro-occidental, priorizando su propia supervivencia sobre la solidaridad panárabe.
- Contener y amenazar a Irán: El trabajo de Israel es mantener a la República Islámica bajo una presión constante: bombardeos «preventivos», asesinatos de científicos, ciberataques y una campaña mediática incesante para justificar un eventual cambio de régimen que devuelva a Irán a la órbita occidental.
Para cumplir con este papel, el ente sionista debe adoptar una pose violenta, guerrera, racista y chula. Su impunidad no es un error del sistema; es una característica del diseño. Cada bombardeo a un hospital, cada asesinato de periodistas, cada vídeo de soldados burlándose de civiles, manda un mensaje de dominación absoluta y de desprecio por el Sur global y sus valores. Es la demostración práctica de que, para el Norte, algunas vidas valen más que otras.
4. El Gran Objetivo: Cercar y Contener a China
Todos estos hilos confluyen en un objetivo: cercar y contener a China. El ascenso de China representa el desafío existencial al modelo occidental. No solo por su poderío económico e industrial, sino, y quizás más importante, por su potencia ideológica. China, de mejor o peor forma según las opiniones, está demostrando que un modelo de gestión pública, estatal y nacional puede lograr un desarrollo espectacular y una estabilidad que contrasta con la crisis crónica del capitalismo anglosajón y la decadencia social de Occidente.
Un Oriente Medio inestable y controlado por un gendarme pro-occidental Israel interrumpe las cruciales iniciativas de conectividad china (como la Franja y la Ruta), amenaza sus fuentes de energía y fuerza a Pekín a desviar recursos hacia la defensa. La aniquilación de Palestina es, en este gran tablero, una jugada para debilitar a los aliados de China en la región (como Irán) y consolidar el control del Norte global sobre el nudo de comunicaciones del mundo.
Conclusión: El Holocausto Palestino es Deseado y la Neutralidad es Complicidad
Con todos estos ingredientes, la conclusión es inexorable: el holocausto palestino no es un daño colateral ni un exceso de una guerra legítima. Es deseado por el ente sionista, por la Unión Europea y, por supuesto, por los Estados Unidos. Es la herramienta para un objetivo geopolítico más amplio.
Por ello, cualquier solución que no pase por la derrota militar del proyecto sionista es temporal y fútil. Un alto el fuego solo le daría tiempo a Israel para rearmarse y planificar la siguiente fase de la aniquilación. El apoyo popular en la colonia sionista es mayoritariamente favorable a la limpieza étnica, lo que demuestra que el problema es de base, no de gobierno.
En este escenario, Irán, como principal soporte del Eje de la Resistencia tras la destrucción por previa por Occidente de proyectos laicos y socialistas como el nasserismo o el Baaz, debe velar por su seguridad. Necesita de la alianza con China y Rusia, y estos, a su vez, necesitan a Irán como un pilar fundamental en la contención del imperialismo. La suerte de Palestina está irrevocablemente unida a esta alianza y a la suerte de esta guerra global entre el Norte y el Sur.
Ante esta realidad, la neutralidad ya no es una opción. Ser neutral es apoyar a los EEUU y al ente sionista. Es avalar la injusticia, el hambre como arma de guerra y el neocolonialismo más feroz. La apuesta debe ser clara y decidida: por una alianza internacional de los pueblos y las organizaciones populares con el Sur Global y Palestina como lucha ahora fundamental en clave soberanista y antiimperialista. Esta unidad no es solo un acto de solidaridad con Palestina; es una lucha por la existencia misma de la libertad, la democracia real y la justicia económica. Sin un reparto equitativo de la riqueza, no hay libertad ni democracia que valga. Es el momento de un llamamiento urgente a la unidad internacional de los pueblos frente a la barbarie imperialista y la injusticia. La existencia de Palestina depende de ello, y con ella, el alma de la humanidad.
* Carlos Martinez: politólogo, de Soberanía y Trabajo y militante de la causa palestina